De Fast & Furious a Tokio: cómo el tuning japonés conquistó los años 2000
La cultura del tuning japonés y carreras como el Touge marcaron la estética del motor a principios de siglo gracias al cine.

El año 2001 marcó a toda una generación gracias al estreno de Fast & Furious. La película arrasó en taquilla llenando las salas de cine con coches cargados de pegatinas, luces de neón y colores estridentes. Aquella combinación de tuning, carreras y persecuciones policiales se convirtió en una fórmula ganadora durante la primera década del nuevo siglo.
Aunque la franquicia evolucionó más tarde hacia atracos, peleas heroicas y ciencia ficción, las tres primeras entregas destacaron por su estética automovilística. Casi todos los vehículos eran modelos japoneses con preparaciones extremas, modificados hasta parecer salidos de un manga. La gran excepción norteamericana era el Dodge Charger de Dominic Toretto, que recordaba quién ponía el dinero.
El punto álgido de esta etapa llegó con Tokyo Drift, una entrega ambientada en la capital nipona para explicar el enorme peso de Japón en el universo del tuning. La cinta nos mostró el arte del Touge, esas intensas carreras colina abajo donde los pilotos bajan derrapando entre horquilla y horquilla.
Al final, Japón se confirmó como uno de los lugares del planeta donde se concentra una mayor pasión por la preparación de vehículos. ¿Llegaste a vivir con intensidad aquella fiebre por el tuning a principios de los 2000? ¡Queremos leer tus recuerdos, vente a la comunidad de BeersStorming y cuéntanoslo!
Fuente original: Xataka
