De salvar los océanos a los Juegos del Hambre: la paradoja de las piscifactorías
Una investigación revela cómo la acuicultura, creada para evitar la sobrepesca, utiliza millones de peces salvajes triturados para alimentar a los de granja.

Inventamos la acuicultura con la mejor de las intenciones: una solución para dejar en paz a los mares y criar nuestro propio pescado en entornos controlados. Sin embargo, una investigación llevada a cabo por científicos internacionales junto a Outlaw Ocean Project ha destapado que el gran remedio para frenar la sobrepesca se está comiendo su propia promesa. El resultado es una paradoja bajo el mar que recuerda a unos verdaderos Juegos del Hambre.
El problema de fondo es que el consumo mundial de pescado se ha duplicado con creces en los últimos 60 años. Debido a este ritmo, aproximadamente un tercio de las poblaciones pesqueras se explota actualmente a niveles insostenibles. La promesa de las piscifactorías era aliviar esa presión sobre las especies salvajes produciendo alimento en granjas.
La expansión de esta industria ha sido gigantesca. Tanto es así que, en 2022, más de la mitad de los alimentos acuáticos destinados al consumo humano ya procedían de granjas. Para sostener esta producción, se ha desarrollado una tecnología tremenda: en Noruega existen estructuras marinas capaces de albergar hasta 1,5 millones de salmones, mientras que China continúa construyendo instalaciones a gran escala.
Pero aquí viene el giro delirante del sistema. Para alimentar a todos esos peces criados en cautividad que luego compramos en el supermercado, millones de peces salvajes terminan triturados y convertidos en comida para ellos. Es un círculo insólito donde lo salvaje sirve para cebar a lo cultivado, en una ruta comercial que muchas veces acaba de forma drástica en Canarias.
¿Qué opináis sobre esta paradoja de la acuicultura? Queremos conocer vuestra postura, así que os esperamos en los comentarios de la comunidad BeersStorming para debatir sobre ello.
Fuente original: Xataka
