La gran mentira del reloj: por qué los días no duran 24 horas exactas
Aunque nos hemos acostumbrado a pensar que un día dura 24 horas, esa cifra es solo una media y el giro completo de la Tierra tarda algo menos.

Nos hemos acostumbrado a pensar que el día tiene 24 horas exactas como si fuera una verdad absoluta esculpida en piedra. Sin embargo, hasta el propio Diccionario de la lengua española nos deja una pista en su definición al señalar que este periodo corresponde «aproximadamente» al tiempo que la Tierra tarda en dar una vuelta sobre su eje. La clave de todo este asunto reside, precisamente, en esa palabra.
La realidad es que las 24 horas son solo una media matemática. Si midiéramos estrictamente lo que tarda nuestro planeta en completar un giro de 360 grados sobre sí mismo tomando como referencia las estrellas —el conocido como día sidéreo—, veríamos que el cronómetro se detiene en 23 horas, 56 minutos y 4,09 segundos. Es decir, nos faltan casi cuatro minutos para el redondeo habitual.
Esta diferencia ocurre porque la Tierra no está quieta mientras gira. A la vez que rota, avanza en su órbita alrededor del Sol a razón de casi un grado por día. Por este motivo, para que el Sol vuelva a colocarse en la misma posición relativa en nuestro cielo, el planeta necesita girar un poco más, algo más de 361 grados en total.
Ese pequeño esfuerzo adicional del planeta requiere unos cuatro minutos más de tiempo. De ahí surge la definición convencional del día solar medio: una cifra estándar que nos sirve de referencia, aunque si medimos el tiempo entre dos mediodías solares, la mayoría de los días duran en verdad algo más o algo menos.
Así que la próxima vez que sientas que no te da la vida, recuerda que la astronomía tiene parte de la culpa. ¿Qué harías tú con esos casi cuatro minutos que se nos escapan cada día? ¡Cuéntanoslo y súmate a la conversación en la comunidad de BeersStorming!
Fuente original: Xataka
